Andrés Manuel López Obrador ha dejado su huella al seleccionar a exgobernadores de la oposición para desempeñar roles diplomáticos, revelando una estrategia política fundamentada en la inclusión. La nominación reciente de Omar Fayad, exgobernador de Hidalgo, como embajador en Noruega, se suma a un elenco que incluye a Claudia Pavlovich en Barcelona, Quirino Ordaz Coppel en España y Carlos Miguel Aysa González en la República Dominicana.
Estos exgobernadores, ahora inmersos en la arena internacional, destacan la posibilidad de que la transición de la política estatal a la esfera global sea no solo viable sino también fructífera. Claudia Pavlovich, actual cónsul en Barcelona, cortó lazos con el PRI en 2022 para asumir responsabilidades diplomáticas en España. Quirino Ordaz, expulsado del PRI tras ser nombrado embajador en España en 2022, resalta como un caso representativo de esta nueva corriente.
Carlos Miguel Aysa González, exgobernador de Campeche, despliega ahora sus destrezas diplomáticas como embajador en la República Dominicana desde abril de 2022. Por su parte, Carlos Manuel Joaquín González, exgobernador de Quintana Roo, asumió el papel de embajador en Canadá en enero de 2023.
Esta serie de designaciones plantea cuestionamientos esenciales acerca de la diplomacia mexicana y la administración de López Obrador. ¿Son estos movimientos verdaderamente tácticas de unidad política o estrategias destinadas a consolidar el poder? La respuesta podría ser determinante para evaluar la eficacia a largo plazo de esta singular estrategia presidencial. La experiencia local de estos embajadores puede aportar valiosos conocimientos a la política exterior de México, pero la atención se centra en cómo conciliarán sus roles diplomáticos con la rendición de cuentas a nivel internacional.
Una perspectiva intrigante sugiere que estos nombramientos podrían ser un pacto de paz entre AMLO y los exgobernadores, quienes optan por respaldar el proyecto morenista a cambio de cierta inmunidad frente a posibles cuestionamientos sobre la gestión de sus administraciones. Este elemento añade una capa adicional de complejidad a la estrategia presidencial, planteando la incógnita sobre si estos embajadores exgobernadores están allanando el camino hacia una nueva etapa de colaboración política o simplemente negociando una salida estratégica para evadir la rendición de cuentas pendiente.
