El encuentro nacional de alcaldes y gobernadores con Claudia Sheinbaum es imposible que pasara desapercibido. Además de ser un evento inédito, no solo por su forma, sino por lo que dejó ver: los gobernadores de oposición robaron el foco y la atención al tomar la palabra y, para sorpresa de muchos, cerraron filas a favor de la presidenta. Este momento marca algo que no habíamos visto antes: Morena no solo domina políticamente al país, sino que en menos de siete años ha consolidado una hegemonía que supera incluso a la que el PRI construyó en más de siete décadas.
Lo que vimos ayer fue mucho más que un acto protocolario. Sheinbaum no solo se presentó como un puente entre los distintos actores políticos del país, sin importar colores. Gobernadores de oposición, que en otros sexenios eran críticos y hasta confrontativos con el Gobierno Federal, ahora vemos cómo muestran apoyo público a la presidenta en turno. Esto no es casualidad; es el reflejo de una reconfiguración del poder en México, donde el partido de López Obrador ha logrado algo que pocos imaginaban: convertirse en el gran aglutinador político del país.
¿Cómo logró Morena esta posición en tan poco tiempo? Mientras que el PRI basó su hegemonía en una estructura rígida y clientelar, Morena lo ha hecho con una narrativa poderosa: la transformación. Este discurso, centrado en combatir la corrupción y la desigualdad, ha calado hondo en la sociedad y ahora incluso entre quienes se suponía que eran sus adversarios, los partidos de opisición.
Pero esto también plantea preguntas importantes. ¿Hasta dónde llegará esta hegemonía? ¿Qué pasa con la pluralidad y los contrapesos que una democracia necesita? Lo de ayer fue un ejemplo claro de cómo Morena está imponiendo nuevas reglas del juego político. Si los gobernadores de oposición ya no confrontan, sino que se alinean, estamos entrando en un terreno nuevo donde las dinámicas tradicionales de la política están quedando atrás.
Claudia Sheinbaum tiene ante sí un reto, con esta nueva configuración política: mantener esta unidad sin asfixiar la diversidad. Hasta ahora, su liderazgo parece encaminado a consolidar la estabilidad y garantizar gobernabilidad, pero el riesgo está en que esto pueda convertirse en un poder sin contrapesos. Morena ha mostrado que puede transformar el sistema político en poco tiempo. Ahora toca demostrar que este cambio será para bien, respetando la pluralidad que tanto trabajo ha costado construir.
Lo de ayer fue un mensaje claro: la oposición no desapareció, pero ya no se le ve como antagonista, sino como un aliado estratégico. Morena está definiendo el rumbo, y por ahora, parece que no hay nadie que le haga sombra, hasta el momento, quién pudiera descarrilar al partido guinda no es la oposición, sino los propios morenitas.
