Arístides Guerrero, el candidato a ministro más joven propone revolución judicial

Filiberto Cruz Monroy
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En el corazón de la región tzeltal de Chiapas, entre las montañas de Tenejapa, se escribió este domingo un capítulo inédito en la historia judicial mexicana. Arístides Guerrero García, el candidato más joven a ministro de la Suprema Corte, reunió a más de 2,500 personas en la cancha San Sebastián para lanzar una propuesta que podría transformar el Poder Judicial: sacar a la Corte de su sede tradicional y llevarla a recorrer el país.

Con apenas 35 años y experiencia como Comisionado Presidente del Instituto de Transparencia de la Ciudad de México, Guerrero planteó una visión radicalmente distinta de la justicia. «Vamos a terminar con la Corte de escritorio para construir una justicia de territorio», afirmó ante miembros de la comunidad tzeltal, prometiendo que de ser electo llevaría al Pleno a sesionar en espacios públicos de todo el país, empezando por las comunidades indígenas.

Su proyecto, llamado «Sembrando Justicia», incluye medidas concretas para acercar el sistema judicial a quienes históricamente han estado excluidos. Entre ellas destacan la creación de Brigadas Jurídicas Comunitarias que ofrecerán asesoría legal gratuita en lenguas originarias, un programa de becas para estudiantes de derecho de bajos recursos y la garantía de que al menos el 10% de los trabajadores judiciales provengan de grupos vulnerables.

Uno de los compromisos más aplaudidos fue su promesa de eliminar el «abogañol» de las sentencias. «El derecho debe ser comprensible para todos, no solo para los abogados», sostuvo Guerrero, comprometiéndose a implementar un lenguaje claro y sencillo en todas las resoluciones. Esta propuesta resonó especialmente en Tenejapa, donde muchos habitantes enfrentan barreras lingüísticas para acceder a la justicia.

El candidato número 48 hizo un llamado claro al votar en las históricas elecciones judiciales del 1° de junio. Explicó detalladamente a los asistentes cómo marcar su número en la boleta morada correspondiente a la Suprema Corte, enfatizando que esta elección representa una oportunidad única para llevar voces tradicionalmente excluidas al máximo tribunal del país.

Analistas políticos destacan que la campaña de Guerrero representa un desafío sin precedentes al establishment judicial. Su propuesta de sesiones itinerantes cuestiona dos siglos de tradición centralista, mientras que su enfoque en lenguas indígenas y grupos vulnerables apunta a una transformación cultural profunda del sistema de justicia. Sin embargo, también enfrenta escepticismo sobre la viabilidad de implementar cambios tan radicales dentro de una institución conocida por su resistencia al cambio.

Prospectiva

La candidatura de Arístides Guerrero marca un punto de inflexión en la historia judicial mexicana. Si triunfa, podría iniciar la mayor descentralización del poder judicial en décadas, acercando la Corte a los ciudadanos que más la necesitan. Pero incluso si pierde, ha logrado instalar en el debate público una pregunta incómoda: ¿Puede haber verdadera justicia cuando esta se administra desde un palacio en la capital, lejos de las realidades de millones de mexicanos? El 1° de junio comenzaremos a tener respuestas.

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