El 3 de junio Donald Trump Presidente de Estados Unidos anunció un nuevo arancel del 25% al acero y al aluminio provenientes de otros países, lo cual afecta de forma directa a estas industrias a nivel internacional y por supuesto, a México, puesto que ya había un arancel previo del 25% impuesto el 12 de marzo de este año a dichos materiales.
Al respecto, Claudia Sheinbaum Presidenta de México, en su conferencia mañanera del 4 de junio declaró que consideraba esta decisión del gobierno estadounidense como injusta, debido a que no contaba con sustento legal ya que existe un tratado de libre comercio entre ambos países, además de que no existe déficit comercial en dicho rubro ya que México importa más de lo que exporta esos materiales; por lo que dejó saber que la semana próxima anunciará medidas para proteger esa industria y los empleos que genera en el país, a su vez que se reunió con empresarios del acero y aluminio, donde trató el tema de la reciente medida arancelaria.
Para entender la magnitud de la afectación a la economía mexicana, en 2024 las exportaciones en acero fueron de 327 mil 116 toneladas, equivalentes a 304 millones 516 mil 455 dólares, mientras que las exportaciones de aluminio fueron de 5 mil 755 toneladas, equivalente a 31 millones 514 mil 907 dólares, de acuerdo a los monitoreos realizados por la Administración del Comercio Internacional de Estados Unidos. En total, la exportación mexicana representa el 7% del total importado de ambos metales a nivel internacional por Estados Unidos en el mismo año, de acuerdo al IMCO.
Por su parte, Gabriela Siller, Directora de Análisis Económico en Grupo Financiero BASE y Profesora de economía del Tec de Monterrey, dijo en una publicación de X que “La afectación para México con el aumento en el arancel de acero y aluminio a 50% será fuerte con la caída de 4% de las exportaciones de estos productos. Sin embargo, Canadá se verá mucho más afectado pues se estima que las exportaciones de estos productos caerán 15%”.
Si tomamos en cuenta los datos anteriores, esto significarían pérdidas para México de al menos 12 millones de dólares en el caso del acero y de más de un millón de dólares en el caso del aluminio. Pero como todo, las cosas no son lo que son, sino lo que representan y falta traducir estas cifras a los empleos que se perderán por las decisiones volátiles que han caracterizado al gobierno estadounidense, puesto que no se trata solamente de afectaciones económicas, sino también de faltas a lo estipulado en tratados comerciales internacionales y en general convenciones diplomáticas, poniendo en riesgo también lógicas continentales como las que se llevaban previamente con el TMEC, generando inestabilidad internacional en un contexto global de conflicto, donde muchos piensan de forma proteccionista, pero dañan de forma global.
Esto da pie a cuestionarnos ¿Qué validez tiene el acuerdo escrito si no puede hacerse valer a falta de poder fáctico? ¿Qué relevancia institucional cobran aquellas naciones que no tienen un poder de competencia económica o militar para plantar frente ante una potencia mundial? ¿Qué tanto cambia la lógica simple de la balanza de poderes a través de la historia si al final el sustento principal de cambio está en la capacidad de concentrar poder para tomar decisiones o en su caso, imponerlas? Al tiempo lo sabremos.
