Querido lector, déjame compartir contigo que hace unos días la asociación de Emprendedores de México “ASEM”, me reconoció como Emprendedora Inspiradora y, aunque recibir un premio siempre me produce esa mezcla de gratitud y orgullo, este reconocimiento en particular me obligó a mirar con mayor detenimiento a la institución que lo entrega y lo importante, no fue estar en el escenario sino entender que la ASEM ocupa un lugar activo que México necesita explotar con urgencia porque convierte la experiencia dispersa de quienes crean empresas en información organizada, comparable y útil para tomar decisiones y eso merece atención porque solemos hablar del emprendimiento como una colección de historias heroicas y nos encantan el fundador, la mujer y el muchacho, la mamá luchona porque son historias valiosas, pero una economía no se estudia con anécdotas sino con datos, me explico: los Censos Económicos 2024 del INEGI ofrecen la estructura general de los establecimientos, mientras la ASEM añade algo que las estadísticas administrativas difícilmente capturan: la voz de quienes fundaron empresas, sus motivaciones, fuentes de financiamiento, obstáculos, decisiones y razones de fracaso y hay que reconocer que esa combinación permite observar no solamente cuántos negocios existen, sino cómo piensan quienes los construyen.
La Radiografía del Emprendimiento en México es, por eso, mucho más que contenido institucional toda vez que su valor reside en reunir información directamente de fundadores de micro, pequeñas, medianas y grandes empresas, de sectores y entidades distintas, para identificar tendencias de gestión, productividad y competitividad. La ASEM además ha producido ediciones enfocadas en mujeres, Baja California, Tamaulipas y migrantes, junto con un estudio sobre gestión financiera y contable y otro sobre buenas prácticas legislativas para crear empresas (este deberíamos estudiarlo de cerca). Cuando una organización conserva series, segmenta poblaciones y vuelve comparables ciertos problemas, deja de ser solamente una comunidad de networking y comienza a funcionar como infraestructura de conocimiento.
Los hallazgos explican por qué esa infraestructura importa para las pymes y las fintech. La Radiografía 2024 reportó que casi la mitad de los negocios, 49.6 por ciento, se financia con recursos propios de los socios; 20 por ciento recurre a familiares y amigos; apenas 17.7 por ciento consigue crédito bancario y solamente 8 por ciento acude a financieras no bancarias como fintech, sofomes o sofipos. La edición anterior ya había anticipado la tendencia: entre 2020 y 2023 la participación de las no bancarias casi se duplicó, de 3.5 a 5.9 por ciento, aunque partiendo de una base tan pequeña que duplicarla sigue sin mover la aguja. No son cifras decorativas ya que describen un mercado en el que la banca tradicional no cubre toda la demanda, el crédito informal familiar hace el trabajo que debería hacer el sistema financiero, y donde las fintech pueden diseñar crédito, pagos, contabilidad, seguros y evaluación de riesgo con mayor precisión. Pero también advierten algo fortísimo: digitalizar un mal producto financiero no lo vuelve inclusión; solamente vuelve más rápida la mala experiencia.
Para estudiar fintech, la información de ASEM resulta valiosa porque permite pasar de la oferta tecnológica a la necesidad empresarial ya que una plataforma puede presumir inteligencia artificial, onboarding en siete minutos y una aplicación color morado muy coquetona, pero la pregunta económica sigue siendo si resuelve liquidez, reduce costos, mejora flujo de efectivo o amplía acceso para empresas que antes no lo tenían. La Encuesta Nacional de Financiamiento de las Empresas 2024, elaborada por INEGI y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, existe precisamente para conocer necesidades, fuentes, condiciones y uso del financiamiento. Cruzar esa mirada institucional con la experiencia levantada por ASEM ayudaría a distinguir innovación financiera de simple mercadotecnia con código.
El enfoque migrante abre otra conversación todavía más estratégica y querido lector, nos conviene precisar el alcance para no vender humo patriótico: la Radiografía del Emprendimiento en México 2025, edición Migrantes, estudia empresas fundadas en México por personas migrantes extranjeras; no equivale a una medición integral de los empresarios mexicanos residentes en el exterior. Lejos de restarle valor, esa delimitación muestra dónde existe una oportunidad futura. ASEM puede convertirse en el puente metodológico entre los emprendimientos creados por migrantes dentro del país y la diáspora mexicana que funda, invierte, contrata y conecta mercados desde fuera.
La dimensión económica justifica hacerlo, aunque con un matiz que no conviene maquillar. Banco de México registró 61,791 millones de dólares en remesas durante 2025, mediante 155.74 millones de operaciones, con un promedio de 397 dólares por envío. Lo relevante no es solamente el tamaño del flujo, sino su dirección: fue una caída de 4.56 por ciento frente a 2024 y el primer retroceso anual en once años, en un contexto de política migratoria más restrictiva en Estados Unidos. El dato demuestra la potencia del vínculo económico exterior, incluso replegándose sigue siendo colosal, pero reducir a los mexicanos fuera del país a remitentes sería una miopía monumental, y hoy sería además una miopía que ignora que ese remitente está bajo presión y en un proceso y riesgo de extinción en curso. También son empresarios, consumidores, proveedores, inversionistas, traductores culturales y distribuidores de confianza. La siguiente capa de información debería preguntar cuántas empresas han creado, en qué industrias participan, qué cadenas de suministro conectan, cuánto empleo generan, qué barreras enfrentan y qué posibilidades existen para que su capital económico, intelectual y relacional dialogue con México.
Ahí aparece la psicología social de la influencia. Una red empresarial no vale únicamente por el número de integrantes, sino por la calidad de la información que circula, la confianza acumulada y su capacidad para reducir incertidumbre. Cuando un emprendedor pertenece a una comunidad con datos, referencias, experiencias verificables y contactos pertinentes, no recibe solamente beneficios comerciales. Obtiene validación social, aprende conductas de pares, compara decisiones y accede a oportunidades que rara vez llegan mediante una convocatoria pública. La influencia funciona así: vemos qué hacen otros semejantes, inferimos qué es posible y ajustamos nuestra conducta. La ASEM puede convertir ese mecanismo en capital social productivo, siempre que cuide la calidad sobre el volumen y no confunda comunidad con un grupo de WhatsApp lleno de memes y buenos días.
Por eso pertenecer y mantenerse cerca de sus redes tiene sentido, incluso para quien ya opera una empresa consolidada. La membresía no debería entenderse como una credencial ornamental, sino como acceso a investigación, herramientas, formación, conversación pública y una comunidad capaz de producir inteligencia colectiva. ASEM también puede usar sus estudios para dialogar con autoridades, instituciones financieras, universidades y grandes compañías desde evidencia, no desde la eterna petición de “apoyemos a los emprendedores”, frase noble que suele morir justo después del aplauso.
El premio que recibí resultó relevante en mi carrera porque reconoce algo menos fotogénico que el éxito: la persistencia para construir, conectar personas y convertir reputación en oportunidades para otros, pero sería intelectualmente flojo agradecerlo sin examinar a quien lo concede. Después de hacerlo, mi conclusión es que el mayor activo de ASEM no son sus ceremonias, sino su capacidad de escuchar sistemáticamente al ecosistema y devolverle una representación útil de sí mismo.
México necesita empresas más productivas, financiamiento mejor diseñado, políticas basadas en evidencia y redes que conecten al emprendedor local con el migrante que llegó y con el mexicano que salió. ASEM tiene la posibilidad de ordenar esas conversaciones y construir una base de datos longitudinal que permita anticipar problemas, no solamente explicarlos cuando ya quebró media cuadra. Acercarse a ella conviene por las conexiones, claro, pero sobre todo por algo bastante más escaso: información con contexto. Porque contactos presume cualquiera; convertirlos en conocimiento económico, influencia responsable y futuro compartido ya es otro negocio.
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