El Banco Mundial (BM) recortó este miércoles sus previsiones económicas para México al anticipar un crecimiento cero en 2025, frente al 1.5% previsto en enero, como consecuencia de las tensiones comerciales desatadas tras las medidas impulsadas por Estados Unidos.
También recortó su pronóstico para 2026, situándolo en apenas un 1.1% de crecimiento. Aunque menor, este ajuste refuerza el panorama sombrío. México, altamente dependiente de su relación comercial con Estados Unidos, se convierte en uno de los países más vulnerables ante esta nueva ola de aranceles.
El 80% de las exportaciones mexicanas van a territorio estadounidense. Cualquier cambio en esta dinámica afecta de forma directa la economía nacional. Las políticas del presidente Donald Trump, centradas en proteger la industria estadounidense mediante aranceles, ya están generando estragos.
Una de las mayores preocupaciones del BM es el impacto sobre el nearshoring. Esta estrategia busca aprovechar la cercanía geográfica de México para atraer inversiones extranjeras que huyen de Asia. Sin embargo, la incertidumbre arancelaria está poniendo en pausa muchos de estos proyectos.
El informe del BM también se distancia de las cifras optimistas del gobierno mexicano. Mientras el Ejecutivo habla de un crecimiento de hasta 2.3% en 2025, las principales instituciones financieras globales ven una historia muy diferente. El Fondo Monetario Internacional (FMI), por ejemplo, proyecta incluso una contracción del 0.3%.
Ambos organismos, BM y FMI, se reúnen esta semana en Washington para su asamblea de primavera. El tema central: las consecuencias globales de la guerra comercial iniciada por Estados Unidos. México aparece en este contexto como un actor clave y, al mismo tiempo, uno de los más golpeados.
Prospectiva: Ante este escenario, México necesita diversificar urgentemente sus mercados y redefinir su política comercial. Apostar por fortalecer el mercado interno, firmar nuevos tratados con otras economías emergentes y generar certidumbre para inversionistas será clave. Si no se toman decisiones estratégicas, el país podría enfrentarse a una década de crecimiento bajo o nulo.
