«Segundo Piso» de la salud comienza su construcción con 13 niños muertos

Filiberto Cruz Monroy
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En cualquier país del mundo, la muerte de 13 niños, la mayoría bebés, por una negligencia médica sería un escándalo que ameritaría renuncias, investigaciones de tipo penal y una revolución en los sistemas de adquisición de medicamentos e insumos. En México solo ocupó el último minuto de la conferencia del viernes de la semana pasada de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien no lo mencionó -hasta que alguien en gayola le preguntó a gritos-. Además, de manera inaudita, ningún reportero al que le dieron la palabra la cuestionó, les pareció más importante pedir felicitaciones para sus medios de comunicación o recordar anécdotas, que hacer su trabajo como reporteros.

Al menos, 20 niñas y niños resultaron infectados con una bacteria en varios hospitales del Estado de México, 13 de ellos murieron y los otros siete están graves. Se infectaron a través de un catéter de alimentación que va directo al torrente sanguíneo. Este tipo de alimentación, conocida como parenteral, se proporciona a pacientes que no toleran alimento vía oral ni a través de un tubo de alimentación.

La respuesta de las autoridades fue tardía, solo cuando la tragedia llegó a los medios de comunicación fue cuando se ordenó vigilancia a las clínicas y cuando la lenta y obsoleta Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, Cofepris, suspendió a la empresa SAFE encargada de proporcionar los insumos para la alimentación de los pacientes. Además, la Secretaría de Salud Federal ya decretó una alerta a todo el país por el brote de la bacteria Klebsiella oxytoca la cual es altamente contagiosa y resistente a los antibióticos.

Pero los problemas en los hospitales públicos, ya sean del IMSS, ISSSTE, Sector Salud y estatales son el pan de cada día. La semana pasada el director general del Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez, Jorge Gaspar Hernández, informó que las reducciones presupuestales y múltiples restricciones a la gestión de contrataciones, realizadas por el gobierno federal durante el presente año, ha propiciado una «crítica situación».

La falta de insumos es cosa de todos los días en cualquier hospital mexicano y el escenario para era próximo año es negro. Según el análisis del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), mientras que al IMSS-Bienestar le están dando 31 mil 207 millones de pesos adicionales, a la Secretaría de Salud le reducen 34 mil 421 millones.

Esto significa que, aunque parece que hay un aumento, en realidad hay una disminución el 12% en el Presupuesto 2025 para 16 institutos y hospitales descentralizados a cargo de la Secretaría de Salud, siendo el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía, el Instituto Nacional de Cancerología y el Hospital General “Dr. Eduardo Liceaga”, las entidades con mayores recortes, de hasta 19% menos.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, sostiene que no hay una disminución de los recursos para salud en el Presupuesto 2025 aunque las cifras demuestran lo contrario. Dice el dicho que los gobernantes muestran su interés en algún sector cuando ponen el dinero ahí. Es así como los números nos revelan que la salud no es una prioridad para construir el segundo pido de la Cuarta Transformación.

@filibertocruz y filibertocruz@gmail.com

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