84% de las exportaciones de México a EU seguirán exentas de aranceles

Héctor O. Carriedo
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A pesar de la desinformación intencionada, emitida por voceros y propagandistas opuestos al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, sobre la probable imposición de aranceles del 30% a las exportaciones mexicanas, a partir del próximo 1 de agosto, lo cierto es que actualmente cerca del 87% de las exportaciones mexicanas a Estados Unidos están cubiertas por el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC, 2020) y, por tanto, están exentas de los aranceles generales que anticipó en una extraña misiva el propio Donald Trump.

Solo productos como acero y aluminio (25%) y tomates (17.09%) enfrentan a la fecha barreras arancelarias impuestas de manera ilógica por Trump. 

Hasta la fecha, la no imposición de aranceles al 87% de los productos que ampara el T-MEC, desmonta escenarios catastróficos anticipados en las ultimas semanas por analistas y comentaristas de los medios hegemónicos y actores políticos antagónicos a la 4T, ya que, a contracorriente de la administración Trump, las negociaciones de México han logrado, hasta la fecha, que la mayoría de sus exportaciones a EE.UU. estén libres de aranceles.

Continúa latente que a partir del próximo 1 de agosto se implemente un impuesto a la importación de 30% para productos mexicanos no cubiertos por el T-MEC, excepto los productos incluidos en el T-MEC que, muy probablemente, seguirán exentos.

En efecto, el equipo negociador del gobierno humanista de México está negociando activamente en Washington, para impedir la imposición de estos caprichosos aranceles y diluir el posible impacto económico desfavorable que conllevan.

Cabe reconocer que, en las últimas cuatro décadas, México ha sostenido una política comercial de Estado que lo convirtió en una de las diez potencias exportadoras del mundo y la primera en América Latina. La economía mexicana es una de las más abiertas del mundo, ya que cuenta con una amplia red de tratados y acuerdos comerciales internacionales que le permitirían el acceso a un mercado de 50 países que suman en conjunto más de mil 300 millones de consumidores, y representan dos tercios (66%) de las importaciones mundiales. Sin embargo, debido a las mayores ventajas competitivas, logísticas y geográficas el 85% de las exportaciones mexicanas se destinan al mercado estadounidense, con una población estimada en 343 millones de habitantes (2025).

De ahí que la diversificación de mercados es posible a mediano plazo, pero menos probable en lo inmediato.

Desde la entrada en vigor del TLCAN (1994), siguiendo en la década actual con el T-MEC (2020), en México se desarrolló con gran éxito un sector exportador líder, competitivo y dinámico, convirtiéndose en el primer proveedor del mercado estadounidense en automóviles, productos electrónicos y agroindustriales como tomate, aguacate y mango, entre otras frutas y verduras, las cuales constituyen el 69% de las importaciones de verduras y el 51% de las frutas frescas en EE.UU.

Las exportaciones de México, grosso modo, actualmente alcanzan el 40% como proporción de su PIB y las importaciones el 41%, por lo que en conjunto el comercio exterior del país representa -proporcionalmente- el 81% del PIB (INEGI con datos de la Secretaría de Economía).

México ha sido un participante muy activo en organismos multilaterales como la ignorada y hasta transgredida por Trump, Organización Mundial del Comercio (OMC), el Mecanismo de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI). El reconocimiento de los niveles de apertura internacional de la economía mexicana, debería bastar para desechar la absurda creencia y peregrina idea de la propaganda derechista, en el sentido de que el gobierno de México es de tendencia “comunista” y se encamina hacia una economía estatizada y colectivista. Lo cierto es que en México gobierna una izquierda humanista, pragmática y eficaz, no dogmática ni irracional.

En este marco de negociaciones internacionales multilaterales, cabe resaltar la estrecha relación bilateral y geopolítica de interdependencia estratégica, colaboración y cooperación entre México y EE.UU. lo mismo en materia de seguridad hemisférica, que en el campo de las relaciones económicas y comerciales de largo plazo, establecidas desde el TLCAN hasta el T-MEC, y que han resultado en la integración trilateral de gran impacto favorable para las economías de los tres países de América del Norte.

En el aún vigente, próximo a revisar y actualizar, T-MEC,  se establecen candados para preservar la estabilidad macroeconómica y el manejo adecuado de las políticas cambiarias de los tres países. También destacan por su gran repercusión en las políticas públicas de los tres países, las cláusulas del capítulo anticorrupción del T-MEC, en particular las referentes a perseguir delitos como lavado de dinero, soborno, cohecho internacional y peculado, cometidos por empresas y autoridades de cualquiera de los tres países. He aquí la trascendencia de la lucha contra el crimen organizado y la delincuencia de cuello blanco en nuestro país.

En el caso del sector exportador de México, liderado por sectores como la industria automotriz, aeroespacial, electrónica y agroindustria, es cierto que el modelo de inversión y exportación basado en el bajo costo de la mano de obra de las primeras etapas del TLCAN está a punto de desaparecer en nuestro país, ya que con el T-MEC se plantean nuevos desafíos como la reindustrialización, relocalización y sustitución rápida de importaciones de insumos para la industria automotriz, aeroespacial y la electro movilidad, toda vez que, por ejemplo, el contenido de partes de un vehículo fabricado en México – según la regla de origen establecida en el T-MEC-  debe ensamblarse con un 75% de insumos y componentes elaborados en cualquiera de los tres países, y el 40% de los vehículos deben armarse en plantas donde los trabajadores tengan salarios de 16 dólares la hora, por lo menos.

Todo esto incentiva el cambio tecnológico acelerado, no solo de las industrias exportadoras de las tres naciones, sino también de los sectores industrial, comercial, servicios y logística en su conjunto, lo cual impulsa la mejora de las remuneraciones a los trabajadores, favoreciendo sobre todo a México, cuyo sector laboral había sido menormente remunerado, y a los consumidores de América del Norte.

Epílogo

La amenaza de imponer más aranceles por parte de la administración de Donald Trump a las exportaciones mexicanas ha provocado incertidumbre, afectando las expectativas de inversión para continuar el crecimiento y desarrollo de la gran industria manufacturera de exportación de México.

El gobierno a cargo de Claudia Sheinbaum Pardo ha optado por una estrategia inteligente, pragmática, prudente, firme y certera que privilegia el diálogo y el acuerdo binacional, evitando aplicar aranceles recíprocos para no afectar la operación de la industria establecida en México.

Los anuncios caóticos de la administración Trump repercuten en una desaceleración económica, en la cual la economía mexicana, si bien no para de crecer en niveles mínimos y lo hace a un ritmo menor, también no se expandirá en el corto plazo a todo su potencial. De ahí que proyecciones como las de la calificadora Moody’s y la OCDE, anticipan una contracción del PIB de México de entre 0.8% y 1.3% en 2025.

En contraste, en un escenario caótico, pero improbable, de ruptura total del T-MEC e imposición de aranceles generales del 30%, según las proyecciones más pesimistas, la contracción económica podría llegar a ser de 4% o más, lo que implicaría la recesión severa que anhelan actores políticos y mediáticos de oposición al gobierno de la 4T, quienes abogan porque suceda una crisis económica en México. Pero este escenario nefasto, que de tiempo atrás nos desea el bloque opositor antipatriota, en México no va a suceder.

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