100 días de Trump: Aranceles y Aprovación en Picada

Aranceles, inflación, caída del PIB y pérdida de aliados marcan los primeros 100 días de Trump, en una presidencia guiada por retórica más que estrategia.

Francisco Ibañez
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Cien días después de asumir nuevamente la presidencia de los Estados Unidos, Donald J. Trump ha reafirmado su estilo de gobierno: confrontativo, proteccionista y dominado por decisiones unilaterales que han estremecido tanto la economía doméstica como el escenario internacional. Bajo el argumento de defender la soberanía comercial de su país, el presidente ha impuesto aranceles generalizados que han derivado en una ola de consecuencias adversas para el comercio, la estabilidad del dólar, y el bolsillo de millones de ciudadanos estadounidenses. Mientras tanto, su nivel de aprobación, otrora elevado entre ciertos sectores conservadores, muestra una preocupante tendencia a la baja.

La narrativa de Trump ha sido clara desde el primer día: “Estados Unidos primero”. Pero en esta segunda etapa, el lema ha derivado en una política económica beligerante. En febrero de 2025, apenas a semanas de haber asumido el cargo, el presidente anunció un paquete de aranceles del 25% a productos provenientes de México y Canadá, un 10% a las importaciones de China y una nueva tasa general del 10% sobre todas las importaciones globales. El impacto fue inmediato. Las represalias no se hicieron esperar: China reaccionó con un arancel del 125% a los productos agrícolas estadounidenses; México impuso restricciones al acero y al maíz transgénico estadounidense; Canadá aumentó sus tarifas al sector automotriz y energético.

Los indicadores económicos no tardaron en reflejar el costo de esta guerra arancelaria. El índice S&P 500 cayó un 10% en solo 20 días. La volatilidad financiera, medida por el índice VIX, alcanzó niveles no vistos desde la pandemia del COVID-19. El dólar perdió fuerza frente al euro y el yen, mientras que activos de refugio como el oro y el bitcoin experimentaron incrementos del 15% y 22% respectivamente.

Las cadenas de suministro, que apenas se recuperaban de los estragos logísticos post-pandemia, volvieron a tambalear. Walmart y Target, dos gigantes del retail estadounidense, reportaron incrementos del 7% en precios generales al consumidor, advirtiendo que lo peor aún podría estar por venir si los aranceles no se moderaban. El sector automotriz, particularmente afectado por los insumos importados, ya proyecta una reducción del 12% en ventas para el segundo trimestre de 2025.

El primer trimestre cerró con una contracción del Producto Interno Bruto del 0.3%, según datos preliminares de la Oficina de Análisis Económico (BEA, por sus siglas en inglés). La pérdida de dinamismo se concentró en sectores clave como manufactura, logística, construcción y servicios tecnológicos. Más de 240,000 empleos fueron eliminados entre febrero y abril, y la tasa de desempleo repuntó del 3.8% al 4.5%.

A este panorama se suma la pérdida de confianza del consumidor. Según la Universidad de Michigan, el índice de confianza se ubicó en su punto más bajo en los últimos tres años: apenas 61.3 puntos. Las familias estadounidenses reportan preocupación por el aumento en precios de productos básicos, electrodomésticos, medicamentos y gasolina. La inflación, aunque desacelerada respecto a 2022, se ha mantenido artificialmente elevada debido a la política arancelaria.

En el terreno político, el efecto ha sido igualmente contundente. La aprobación de Trump ha caído en picada. Según la encuesta de Marist/NPR publicada el 25 de abril de 2025, el mandatario cuenta con solo un 42% de aprobación nacional. Más grave aún es que solo un 33% aprueba su manejo económico, y apenas un 29% respalda su estrategia arancelaria. En el segmento de votantes independientes, su aprobación ha bajado del 45% al 36% desde enero. Entre los jóvenes de 18 a 34 años, su popularidad es inferior al 25%.

Pese a ello, Trump no ha modificado su discurso. En uno de sus mítines recientes en Ohio, acusó a los medios de comunicación y a las encuestadoras de “inventar números” y calificó a sus críticos como “enemigos del pueblo”. También ha promovido teorías conspirativas sobre sabotajes financieros organizados por “globalistas” y “élites extranjeras”. Este tipo de retórica, lejos de apaciguar el malestar, parece amplificarlo.

Las fricciones con socios estratégicos son otra consecuencia directa de esta política comercial. En menos de tres meses, se han suspendido reuniones bilaterales con la Unión Europea y Japón. México ha exigido la intervención de la Organización Mundial del Comercio (OMC), mientras que Canadá ha presentado una demanda ante el panel de solución de controversias del T-MEC. Incluso aliados históricos como Corea del Sur y Reino Unido han expresado públicamente su “preocupación por el rumbo aislacionista” de la Casa Blanca.

En paralelo, China ha aprovechado el vacío diplomático para fortalecer acuerdos con América Latina, África y el Sudeste Asiático, consolidando su rol como potencia estabilizadora ante un Estados Unidos errático.

Los primeros cien días de Trump han sido una exhibición de fuerza retórica y decisiones apresuradas con efectos muy reales. La economía estadounidense, que gozó de cierta estabilidad en los años anteriores, ha entrado en una fase de turbulencia comercial y financiera por decisiones motivadas más por ideología que por evidencia.

La historia ha demostrado que el proteccionismo sin estrategia suele conducir al aislamiento y al empobrecimiento de las naciones. Estados Unidos, en lugar de blindarse frente al mundo, parece estar cavando un pozo del cual será difícil salir sin ceder terreno en la política internacional, en la confianza ciudadana y, sobre todo, en la estabilidad interna.

Si algo han dejado claros estos cien días, es que el costo de “Hacer a América grande otra vez”, bajo los métodos de Trump, podría salir demasiado caro para los propios estadounidenses.

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